Gran parte de la humanidad en el mundo
occidental ha estado fascinada desde siempre con la idea de la mecanización. Los
artefactos de relojería se inventaron mucho antes de los que generalmente
imaginamos, y ellos fueron los que posibilitaron la introducción de muñecos
mecánicos, llamados "autómatas", hacia el siglo XVII. Estos autómatas eran
muñecos capaces de bailar, hacer malabares, cantar e imitar el sonido de algunos
animales (enlace a
una página sobre autómatas).
Las concepciones acerca del cuerpo humano, antes de la invención de los autómatas, se basaban en nociones
aristotélicas que privilegiaban el alma como el principio básico que "animaba" a
todos los seres. La complejidad del alma dependía de su lugar en la jerarquía de
la naturaleza: plantas, animales y humanos. Las almas superiores -animales y
humanos- tenían el poder de la locomoción, la sensación y la imaginación. Además,
los humanos tenían un alma racional que era inmortal y estaba separada del
cuerpo.
Más tarde, cuando René Descartes
(1596-1650) establece la duda como el método a seguir para descubrir la verdad
oculta en la naturaleza, desbanca el conocimiento escolástico, alimentado por
las nociones aristotélicas que se habían colado en el pensamiento medieval. René
Descartes asignó diez funciones distintas al cuerpo humano basadas en
explicaciones mecanicistas: la digestión, la circulación de la sangre, el
desarrollo y el crecimiento, la respiración, el dormir, el caminar, la
imaginación, la memoria, la percepción, los apetitos y la pasión, y el
movimiento del cuerpo. La única que Descartes no incluyó en estas nociones fue
la de la Razón.
Las diez actividades del cuerpo descritas
mecánicamente, eran el resultado del trabajo del cerebro y el sistema nervioso,
partes que Descartes tuvo la oportunidad de disecar y estudiar detalladamente.
Según él, los ventrículos del cerebro se llenaban con un fluído que luego
llegaba a distintas partes del cuerpo posibilitando la función de los órganos.
Creía que las fibras de los nervios eran tubos huecos por donde lograba pasar
ese fluído, como en un mecanismo hidráulico.
La idea del cuerpo como una máquina
hidráulica estuvo inspirada por una fuente en la ciudad de San Germán, provincia
de Francia donde Descartes pasó algún tiempo. Esta fuente monumental tenía
estatuas de tamaño natural que tendían a moverse cuando los espectadores se
acercaban lo suficientemente a ellas, al pisar unos platos ocultos en el suelo,
accionando el dispositivo alimentado por la misma fuente. Aparentemente, esto le
hizo pensar a Descartes en que los cuerpos de los animales y las personas podían
entenderse como autómatas operados mediante mecanismos hidráulicos.
Descartes tuvo mucho tiempo para
desarrollar completamente sus hipótesis acerca del cuerpo como un mecanismo que
responde a los estímulos del ambiente, aunque él no usara exactamente estos
términos. El modelo mecánico influyó de tal manera las concepciones acerca del
propio cuerpo, tanto en el ámbito científico como en el político, que siguen
vigentes en la psicología de este nuevo siglo.
Referencias:
Fancher, Raymond E. (1979). Pioneers of Psychology. New York: Norton &
Company